lunes, 28 de septiembre de 2015

Spider


Anteayer vi una película, de nombre  Spider; del director David Conenberg.  

No es una película extraordinariamente original, sobre todo el guion es bastante típico, hasta predecible, en cierta medida, pero justamente en eso radica todo su encanto.  Es una película que aborda un tema recurrente, de una manera muy sensible, tocando temas delicados con mucha gracia.

Comienza con una escena en el tren de Londres, la gente empieza a salir de los vagones como hormigas sin línea de marcha, de último momento baja un hombre, sus movimientos lentos contrastan con la velocidad del resto de la dinámica urbana, desde ese momento es singular, es frágil y distinto. En un calcetín que guarda en el pantalón busca una dirección;  a la que se dirige sin prisa y con una soledad absoluta. En cuanto este personaje, apodado Spider, hace presencia comienza una sutil incomodidad general, algo no está bien.

La atmósfera, gris y ocre, conserva esta cualidad; un nerviosismo incomodo, la sensación de algo erróneo o incluso que algo está a punto de suceder, es decir, inestabilidad. La mente endeble de Spider nos  lleva de escenario a escenario,  de uno que se supone realidad a otra virtual donde  habita con sus recuerdos.  De este juego entre estados mentales existe una ligera diferencia; en una de ellas Spider es un observador de lo que sucede, pero el resto es tan similar que nos sugiere que no hay distinción para él.

La música nostálgica que acompaña las escenas evoca la añoranza de la niñez, pequeños objetos y acciones proponen decadencia pero más aún una constante melancolía. Es una película muy íntima, crea un sentimiento de empatía con el personaje principal, a pesar de su desequilibrio mental.


Como un último punto y acierto de la película es la (casi) ausencia de diálogo del personaje principal, él  posee un idiolecto único con todo y su propia caligrafía que nos deja en el límite, podemos acercarnos aunque jamás lo suficiente.