domingo, 13 de diciembre de 2015

Tekkon Kinkreet

Cuando estuve en España me topé en una biblioteca pública con el manga de Tekkon Kinkreet.
La verdad es que leer ese manga ha sido de las experiencias más placenteras que he tenido con un libro.
No quería escribir esta reseña hasta volver a encontrar el libro y comprarlo, pero al parecer no existe en México, por lo que la espera puede prolongarse demasiado.

Como ya había visto la película, tenía idea de la historia (aunque no recordaba muchos detalles) por lo que pude disfrutar con más atención todos los demás elementos, como el dibujo, los diálogos, los personajes.
Nunca había leído un manga. De hecho no suelo leer cómics nunca. El asunto con Tekkon Kinkreet es que es muy diferente de otras estéticas de cómic. No es el típico dibujo japonés ni el occidental. Si tengo que compararlo con algo, está un poco más cerca de la estética fanzinera punk que tan de moda está, pero de forma muy diferente y auténtica. Es modesto y a la vez muy expresivo.

En la película, la estética fue limpiada, se toma en general el diseño y el imaginario, se ha pulido como animación de la mejor calidad, pero perdió casi todas las cualidades gráficas que tiene el cómic. En este todo es más feo (o menos "bonito") los dibujos son sumamente inestables, la linea es como muy ondulante, todo parece estarse deformando de cuadro a cuadro, las proporciones son mucho más exageradas, las expresiones, etc. Hay elementos con grados de abstracción impresionantes.
La película gana mucho en cuestiones atmosféricas, dinámicas, la inmensidad de los espacios por ejemplo y por supuesto la potencia que le da el color a la experiencia visual no tiene discusión. Pero el manga tiene cierto espíritu inocente, cálido, rasposo, sucio. De alguna manera te hace sentir más cerca de los personajes. Supongo que es menos espectacular y más expresivo.
Además es más random. En las ambientaciones de la película está este barroquismo hiperurbano fantástico que también está en el cómic, pero en el cómic por ejemplo, de pronto aparece una tortuga en la calle al fondo de una escena, gente con indumentarias súper extrañas, grafittis, cosas así.

Pero bueno, independientemente de las diferencias del cómic y la película: que increíble idea es en sí Tekkok Kinkreet.

Para empezar es sorprendentemente difícil decir de qué se trata. Es como una epopeya de lo urbano. Son dos niños callejeros superpoderosos sometidos a una serie de tensiones y fenómenos urbanos. No sé como definirlo.

Todas las metáforas que se sienten mezcladas en la historia, no son tan claras pero se perciben. Sabes que Shiro y Kuro representan el bien y el mal equilibrándose mutuamente. Sabes que el enemigo de cejas retorcidas representa de alguna manera el capitalismo liberal, su inmersión y su violento crecimiento en las sociedades asiáticas. Pero hay muchos otros elementos curiosos, llamativos y difíciles de comprender: La forma en que el prostíbulo es de alguna manera sacralizado en cierto momento. Los otros niños de la calle. Las relaciones entre la policía y la mafia. La tribu de vándalos neo-apaches del futuro que cuidaban de los niños. El abuelo de los niños que es un  bagabundo. El nombre de la ciudad "Tesoro". El mar como la tierra prometida, como la libertad. A este tipo de simbolismos no-tan-claros son a los que me refiero y son los que creo que le dan su enorme valor. Todos son quizá fáciles de interpretar, pero no del todo obvios y propensos a reinterpretarse.

La genialidad de este universo fue tomar el ambiente urbano, callejero, de la forma más fría directa y abyecta que se puede pensar y armarlo para construir una fantasía bastante poética sobre una realidad social actual, sobre los cambios culturales que sufre una ciudad. Una metáfora fuera de los lugares comunes que dió lugar a una obra muy original.
Me encanta por ejemplo que los buenos y los malos que se plantean en un incio resultan no ser ni tan buenos ni tan malos al final, sino que ante el aplastante poder de transformación del intruso capitalista, terminan siendo casi irrelevantes sus conflictos y motivaciones, y se vuelven ambos víctimas de un proceso superior a su realidad, un poder superior al bien y al mal.

Ahora, en un nivel más inmediato. La acción es espectacular. El nivel de fuerza y vértigo, y la enorme violencia que es el motor de Tekkon Kinkreet la hacer sumamente llamativa y entretenida. Expresa una necesidad de acción que tenemos, que rompe con la monotonía urbana. A fin de cuentas es una historia de peleas, de persecuciones, disparos y explosiones. Es una película de acción trastocada fantástica y poéticamente. La ciudad del tesoro se parece más a una jungla que a una ciudad, los personajes son como animales, la violencia siempre está en primer plano y con niños como los protagonistas. Niños hiper violentos, esto me parece fascinante y muy original.

Y por otro lado tienes un elemento sumamente tierno: la relación entre Shiro y Kuro, dos niños que seguramente no son realmente hermanos viven como si lo fueran. Ellos y su abuelo están unidos por un auténtico amor de familia.
Yo amo a Shiro. Este personaje casi autista, idiota, infantil, casi andrógino, siempre vestido con gorros ridículos de animales, collares y miles de elementos que expresan su gusto por vivir y por jugar, y que además lo hacen visualmente muy vistoso. (El diseño de moda es otro campo a valorar en este cómic, es muy rico y original, es una potenciación del gusto de los niños, ingenuo y ecléctico) Shiro siendo la representación del bien, es frágil. Shiro estaría muerto sin Kuro desde hace mucho.
Kuro es fuerte, poderoso, sagaz pero amargo y peligroso. Kuro no tiene problema en matar y robar, no le importa nadie, lo único importante para él es Shiro, es lo único que respeta y cuida pues es lo que lo mantiene cuerdo y lo que evita que se convierta en el Minotauro (que no estoy muy seguro qué representa concretamente, pero es algo así como la locura, el psicópata).
El enorme amor entre estos dos me conmueve mucho.

Para mi, esta es una obra que lo tiene todo, un ejemplo del tipo de cosas por las que vale la pena dibujar, del enorme poder que existe en la narrativa gráfica.