I
Sé que José Reyes, un piñero de Loma Bonita, allá donde las quesadillitas recién fritas con plátano macho maduro y arroz; tenía una casa blanca con un vestíbulo de doble altura donde colgaban unos helechos de sombra, como los que había en el patio techado de Cumbres de Maltrata, y hamacas por el calor, pues tanto hacia que hasta Huicho dijo que era la antesala del infierno.
Sé que Mariquita también tenía una casa igual, así blanca y con el mismito vestíbulo, nomás que en la calle de Cuautla, y era, ahora si que, la casa grande de Don José. Dicen que todavía existe esa casa y que a ver sí luego nos damos la vuelta.
Sé que el papá de mi Tita,José Reyes, se parecía a Pepe, Carmen dijo que era la viva imagen pero en carácter, pon tú, a Aurelio: serio, estricto, culto y cabrón, es que eran otros tiempos.
Cuando invitaban a comer a los niños de Leonor al departamento de Aurelio en el 3 de Cuicuilco, les hacía mantener los modales de la gente bien. Con el mango del cuchillo para mantequilla les daba golpecitos en los codos hasta que los bajarán de la mesa. Le temían, dijeron que hasta a su Josefina le daba miedo, que ha saber si alguna vez le pegó, que lo que sí es que clarito escuchaban cuando perseguía a Gustavo con el cuero en la mano, cuando lo alcanzaba y también, cuando le acomodaba unos buenos por andar en malos pasos.
Gustavo fumaba desde chico y ve tú a saber si después hubo más drogas gruesas, a tu Tita le daba miedo porque andaba mucho con Huguito, mira, la verdad, y que Dios me perdone, pero que bueno que se fue, el era muy inocente para este mundo.
Un día que llega así como borracho y pálido, pálido, pero no olía a copa, quien sabe que le habrán dado. Tu Tita que se moviliza y le marca a todas sus amistades, tenía buenos amigos del montesori - ah, porque el iba en un montesori como ustedes- había uno de los amigos que lo quería mucho, tenía carro y siempre le daba ride. Total que nadie supo que se tomó, pero Gustavo, estaba preocupadísimo por él, se me hace que más de culpa que de otra cosa. Eso si, a la mera hora si le lloró mucho, cuando se fue, en la agencia, le lloraba fuerte y le pedía perdón.