Leon Bakst. (1866-1924)
Hasta ahora solo sé que era un ruso diseñador, escenógrafo y pintor. Lo increible del asunto es que su lenguaje plástico pese a ser de hace más de un siglo, parece hecho por cualquier ilustrador de hoy.
Inmediatamente lo relacioné con Klimt y con Egon Schielle, mis "gustos culposos" en la pintura durante el taller de Ulises, y me pregunté, ¿Qué hay aquí? ¿A qué responden estos artistas en mi?
Definitivamente no es casualidad que mi proyecto actual se trate sobre el cuerpo.
[PARÉNTESIS: Y también me hizo preguntarme por qué algo se vuelve un placer culposo. Yo ya no creo mucho en los placeres culposos. Creo que si uno siente fascinación o admiración por algo, hay algo ahí que es importante para tí, y no es menos importante por el hecho de que compartas el gusto con el vecino reguetonero. El placer a fin de cuentas siempre es vanal y siempre es valioso. Ulises, marcado por una postura bélica, victimizante y acomplejada, te hacen pensar que hay "verdaderos valores" en el arte, y peor aún, que estos valores son igual a pintura. No solo la pintura no es el único valor en el arte, sino que no hay "valores verdaderos". Al igual que en todo en la vida, los valores son valores y vienen de diferentes causas. Hay gente guapa, hay gente inteligente, hay gente talentosa, hay gente rica. Hay perros amistosos, hay comida saludable, hay computadoras rápidas, etc. Yo creo que es igual en todo en la vida, uno busca lo que es bueno para uno y en tanto es bueno para uno es verdaderamente valioso. Así en el arte. Hay arte complejo, hay arte bonito, hay arte revolucionario, hay arte espectacular, hay arte laborioso, hay arte ingenioso, hay arte valiente, hay arte divertido, hay arte interesante, con toda la subjetividad que esto arrastra, pero uno puede afirmarlo valioso para uno y cuando uno habla de que es valioso hace falta especificar en cual de estos sentidos. CIERRO PARÉNTESIS]
Volvamos a Leon. Deconstruyéndolo rápidamente : sus dibujos-ilustraciones son personajes en un vacío plano y blanco, no hay fondo, no hay espacio. Compone a través de la pose, de las posiciones del cuerpo en el encuadre y el vestuario: telas flotantes, ropa, ornamentos, además de bonitas armonías de color que los hacen excelentes dibujos, imágenes preciosas, gráciles, placenteras al ojo como las pinturas de Klimt.
Al igual que este y Schielle, Leon Bakst deforma la anatomía de una forma expresiva muy particular: manos huesudas, enclenques, poses extrañas: "estilizadas". Pero ¿que hay detrás de esta fórmula de "estilización" del cuerpo, repetida no solo en la secesión de Viena sino en la industria de la moda? no estoy seguro, tal vez cierta feminidad, delicadeza, androginia.
Podría hacer un ensayo visual de la manera en la que estos artistas se relacionan con las estéticas que me gustan: Final Fántasy (diseño de personajes en videojuegos), Alexander Mc Queen (moda), los videos de Björk, la ilustración fantástica. Pero el asunto se vuelve demasiado amplio, pues está muy diluido en la cultura visual de los mass media, en el consumismo individualista, en la crisis de identidad, el culto al cuerpo, el hedonismo. Y todas estas concordancias al final parece que resultan triviales. Pero hay algo aquí, algo más que lo trivial, o algo detrás de lo trivial.
Encuentro un enorme placer en proyectarme en otras identidades y personajes. La estilización del cuerpo es eso, una transhumanización que todos deseamos: ser algo, ser alguien, y por eso está en todos lados en nuestra cultura actual.
Pero hay un elemento que tiene Leon Bakst que lo hace particularmente gozoso para mi: la danza.
Leon Bakst tiene esta gracia, compone a través del cuerpo, representa personajes gráciles y estilizados, pero además expresa mediante el lenguaje corporal. Y no es que sean retratos fieles de una danza, son posiciones icónicas, simbólicas, gráficas, están hechas para estar quietas y sin embargo expresan de una manera muy similar a la danza, haciendo sentir el cuerpo, combirtiendo el cuerpo en un valor abstracto.
Cuando uno baila ya no es persona, es canción. Las manos ya no son manos, los pies ya no son pies: son ritmos, movimientos, números, palancas, balanzas, trazos, figuras, caricaturas.
Supongo que ahí mi fascinación por estos artistas: por su doble manera de utilización del cuerpo, tanto como espacio gráfico-valor abstracto-formal-cromático, como su poder empático, representacional. El cuerpo juega en el campo representacional y abstracto a la vez. No hay escena, el cuerpo es la escena. Yo soy la escena. No se trata de algo, se trata de alguien. El cuerpo aquí se hace uno con el dibujo, tal como en la danza se hace uno con la música.
Dejo aquí a Shielle para establecer esa relación, aunque después de ver a Bakst se queda bastante soso y tieso. Schielle es el deseo sexual y aunque interroga ese deseo, reduce el cuerpo a carne. Bakst expresa la escencia completa de un personaje en escena, con toda su complejidad.
También me gustaría establecer una relación aquí con mi fascinación ante el skate (en al cual podría ahondar en otra ocasión). Que creo que de alguna manera se vincula con esta misma sensibilidad hacia la transmaterialización ambivalente del cuerpo como identidad y cosa a la vez.
Y finalmente, retomando el asunto de la superación de los gustos culposos, dejo aquí un video de K-Pop con una coreografía increible, que también responde a mi fascinación ante el cuerpo y sobre todo, al igual que en el skate, la profunda admiración ante cuerpos que pueden hacer lo que yo no puedo hacer, que son lo que yo no soy.
...VELO!






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